El tiempo no se detenía para nadie, y mucho menos para ellos. Sin pedir permiso, los días comenzaron a acomodarlos dentro de nuevas rutinas que, aunque no habían sido elegidas, terminaron imponiéndose. Cada uno volvió a su mundo, a sus horarios, a sus responsabilidades. Nikolas se sumergió en su trabajo con la misma intensidad de siempre, y Valentina hizo lo mismo, aferrándose a sus estudios y a su rol profesional como a un salvavidas.
Nikolas no podía evitar observarla. No lo hacía de manera e