Ares se dedicó a observar a su esposa por un largo rato, hasta que decidió que lo mejor era llevarla a la cama. La cargó con cuidado, la llevó a la habitación y se acomodó a su lado, abrazándola fuertemente. En otras circunstancias no la habría dejado dormir, pero sabía que, en su estado, el descanso era necesario. Tendría tiempo de amarla cuando su hijo llegara al mundo.
El amanecer trajo consigo nuevas expectativas. Ares se levantó con la determinación de ponerle punto final a aquella situaci