Ares llegó al hospital convencido de que ese día, por fin, iba a resolver lo que llevaba semanas postergando. Condujo con la mente fija en una sola idea: cerrar el asunto pendiente de una vez por todas, poner límites claros y recuperar el control de su propia vida profesional. La imagen de los papeles del divorcio rotos seguía grabada en su memoria como un recordatorio silencioso de la confianza que Agnes había depositado en él.
No podía fallar.
Sin embargo, apenas cruzó las puertas del hospita