Al día siguiente, Valentina despertó con los ánimos completamente renovados. Abrió los ojos despacio y, por primera vez en mucho tiempo, sintió una calma extraña pero reconfortante. Se quedó unos minutos acariciando su vientre, sonriendo al sentir un leve movimiento, como si su hija también percibiera ese cambio.
Estaba feliz, y esa felicidad le dio una idea clara: quería preparar una cena especial para festejar la próxima llegada de su hija. No era solo una celebración por la bebé; también que