CAPÍTULO TRECE
Y de esa manera el tiempo continuó su paso. Los sueños así como las pesadillas se hacían realidad. El mal podría durar siempre un poco más. El mal podría vivir a plena luz del día pero., no por siempre. No por mucho tiempo.
Con las piernas cruzadas, luciendo aquella figura de mujer elegante y bella, Gertrudis sonreía ante la nueva imagen frente a ella.
— ¿Cómo pudo suceder esto? —Preguntó la madre de Alejandro, levantándose de su lugar.
Gertrudis sonrió. No importa lo mucho que