— ¿Quién te crees que eres? ¡¿Qué te pasa, Maximiliano?! ¡Ni siquiera se te ocurra volver a hacer lo que hiciste afuera de la casa porque a la otra no voy a responder! —Gritó Salomé una y otra vez mientras entraban en la gran casa que habían comprado. Y detrás de ellos caminaba Manuel sin poder dejar de sonreír de manera discreta.
— ¡Ya te lo dije, Salomé! ¡Te tuve que besar porque Alejandro nos estaba viendo desde atrás!
— ¡Bonita excusa tuviste para hacerlo!
— ¡Piensa lo que quieras,