El mundo a su alrededor podía desaparecer en ese mismo momento porque no era contra ellos con quienes tenía ese sentimiento de venganza, era contra solo esa persona que no estaba ahí para recibirla.
—Buen día, señora de Montenegro.
—Salomé Sorín —corrigió ella.
Todo mundo a su alrededor no supo hacer otra cosa más que mirarse entre sí.
—Puedo hacer valer mi nombre por mí misma, no necesito del apellido de mi esposo. ¿Y dónde se encuentra el señor de Vital? ¿Me equivoqué de fecha y no era hoy la