UN LOBO SIN HOGAR.
UN LOBO SIN HOGAR.
La frescura del jardín principal del castillo envolvía a Braelyn mientras caminaba por él, intentando despejar su mente con la serenidad del amanecer. Pero la paz era elusiva; los ecos de las palabras de Sebastián resonaban como un tambor de guerra en su interior. Sus pasos, normalmente seguros y ligeros, eran hoy pesados, cargados de un dolor que no podía desvanecer con el rocío de la mañana. Al ver la figura encorvada sobre la banca de mármol, su corazón dio un vuelco.
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