CAPÍTULO 97. LIBERTAD VIGILADA
El psicólogo se despidió de Arantza y se retiró de la habitación con un gesto de reverencia ante ella. Esta quedó pensativa y preguntándose por qué no lo conoció antes, seguro que nada de esto le hubiera pasado. Estaba reflexionando sobre esto, cuando entró su hermano Marcos.
—Buenos días, Arantza ¿Cómo te sientes? —preguntó él acercándose a ella abrazando y besando su frente.
—¡Bien! Y lista para irme —respondió ella, más tranquila.
—¡¿Sí?! ¿A la mansión? —Preguntó Marcos con una amplia sonri