CAPÍTULO 98. NACIMIENTO DE ABRYL
Don Kelvin, quien había acompañado a Mateo y a Adriana desde la sala de espera de la Clínica, tocó la puerta muy suavemente, lo cual no fue escuchado por ellos. Este, emocionado y ansioso por la espera, los interrumpió, cuando la abrió…
—¡Ejem, ejem! —con un carraspeo, hizo que ellos se separaran, quienes sonrieron, al ser sorprendidos por él.
—¡Adelante! —anunció Mateo con una sonrisa amplia de felicidad, pero sin moverse de donde estaba sentado para seguir apoyando a Adriana, mientras amamant