CAPÍTULO 83. ¡MATAR LAS GANAS!
Mateo, se quedó ahí de pie en el umbral de la puerta para estar atento de su mujer. Una vez que ella cerró el grifo del agua, él se acercó con la toalla, la envolvió y la llevó en sus brazos a la habitación. El mismo, la secó y la sentó en su regazo.
—¡¡Mi amor!! ¡¡Cómo te extrañé!! —confesó ella, abrazando a este fuertemente y refugiándose en su pecho.
—¡¡Yo igual, mi vida!! Trataré de no viajar tanto para compartir más contigo y donde te pueda llevar, iras siempre conmigo —declaró Mateo amor