C75- INSACIABLE Y PERFECTA.
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La tarde se filtraba dorada por los ventanales del salón de la mansión Klein. El aire olía a jabón suave y a talco, mientras Adler, con la espalda apoyada en el sofá, mantenía a su hijo de tres meses, Alex, durmiendo sobre su pecho. El bebé respiraba con un ritmo tranquilo, y su puñito no soltaba el dedo índice de su padre. Mientras tanto, Lily, de rodillas frente a ellos, agitaba un sonajero con forma de estrella de mar. Desde la puerta, Gianna observaba la escena,