C39-MUDARNOS.

C39-MUDARNOS.

Sara se quedó congelada con la caja cerrada en el regazo y las mejillas encendidas, como si la hubieran sorprendido robando.

—Yo… solo tenía curiosidad… la vi y...

Margaret avanzó un par de pasos hasta arrancarle la caja de las manos.

—Nada de lo que hay en esta casa tienes derecho a revisar. ¿Entiendes? No eres nadie aquí.

Sara apretó la mandíbula y, aunque la humillación le dolió, no tardó en recomponerse.

—¿Por qué estás tan alterada, eh? ¿Acaso lo que hay ahí es lo que creo?

Los ojos de la mujer se entornaron, llenos de veneno, y dio un paso más, mirándola de arriba abajo como si pudiera borrarla de la existencia.

—Escúchame bien, maldita asiática… aquí no vas a durar mucho. Porque te aseguro que te irás en menos tiempo del que piensas.

El insulto le caló hondo, pero en lugar de quebrarla, encendió una chispa de orgullo.

—¿Asiática? —repitió Sara con una sonrisa helada—. Sí, soy coreana, y estoy orgullosa de cada parte de mí, incluso la que te hace sentir inferior ca
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