C39-MUDARNOS.
C39-MUDARNOS.
Sara se quedó congelada con la caja cerrada en el regazo y las mejillas encendidas, como si la hubieran sorprendido robando.
—Yo… solo tenía curiosidad… la vi y...
Margaret avanzó un par de pasos hasta arrancarle la caja de las manos.
—Nada de lo que hay en esta casa tienes derecho a revisar. ¿Entiendes? No eres nadie aquí.
Sara apretó la mandíbula y, aunque la humillación le dolió, no tardó en recomponerse.
—¿Por qué estás tan alterada, eh? ¿Acaso lo que hay ahí es lo que creo?
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