C35-¿QUÉ HACES CON ESA CAJA?
El beso comenzó como un juego, un roce de labios cargado de la tensión que habían acumulado desde lo que pasó en la ducha. Una cosa llevó a la otra, como siempre ocurría entre ellos, y de pronto Sara estaba sentada sobre la madera pulida del escritorio del abuelo, con el vestido subido hasta el abdomen y las piernas abiertas de par en par, mientras Mason se arrodillaba frente a ella, devorándola como si fuera el último manjar.
Ella gimió, aferrándose con fuerza a su cabello, hundiendo los dedos en ese cabello rubio mientras su boca trabajaba con una ferocidad que la hacía ver estrellas detrás de los párpados.
Cada lamida era una promesa y cada succión un viaje directo al éxtasis.
—Shhh —murmuró él, apartándose un instante—. Si haces ruido, nos atraparán. Y no pienso compartir este sonido con nadie.
—¿Cómo quieres que no grite si…? —su protesta se quebró en otro gemido cuando Mason introdujo dos dedos dentro de ella, encontrando ese punto exacto que la hací