C3-¿QUIERES SEDUCIRME?
Adler permaneció inmóvil, su respiración apenas alterada, pero su mirada se endureció. Dudaba, por primera vez en mucho tiempo, dudaba de sí mismo y Gianna lo notó y se aferró a su chaqueta como si fuera lo único que la mantenía con vida.
—Por favor... no me dejes aquí... —rogó con la voz quebrada—. Estoy secuestrada, no soy una prostituta... lo juro, lo juro por mi vida.
Él se tensó y la sorpresa lo golpeó como un puñetazo. Durante un instante se quedó en silencio, obser