MI VECINO A DIEZ METROS 1
El apartamento de enfrente tenía ventanales de techo a suelo y ninguna cortina. Me di cuenta la primera semana que me mudé: finales de agosto, el calor aún pegado a los ladrillos, el aire tan espeso que se podía masticar. Todas las noches, a las 11:17 p.m., las luces de la sala se encendían y él aparecía.
Alto. Esbelto. Cabello oscuro que caía hacia adelante cuando se inclinaba para desatarse las botas. Siempre empezaba igual: pateaba sus zapatos junto a la puerta, se