El papá de mi mejor amigo 2Mi corazón se estrellaba contra las costillas como si quisiera romperlas.Las palabras de Marius—“Intenta ser un buen chico esta vez… o no. No soy exigente”—seguían ardiendo en mis oídos, bajas y ásperas, envolviéndose alrededor de mi polla como un puño. Tragué saliva, la garganta seca chasqueando, la lengua pesada. No me salían palabras. Ninguna. Solo asentí, brusco y rígido, los puños apretados a los costados con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos.Esa sonrisa. Exactamente la misma de hace cuatro años en su entrada. Lenta, consciente, peligrosa. Me tensó los huevos hasta hacerlos doler.—Ven a ayudarme en la cocina si te aburres sentado solo —dijo con tono casual, como si no acabara de prenderle fuego a mi sangre.Luego se giró, las tiras del delantal balanceándose contra la curva de su culo, y se alejó.Mis piernas se movieron antes de que mi cerebro reaccionara. La cocina olía a ajo y aceite chisporroteando, cálido y espeso, envolviénd
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