NOCHE DE ORGÍA Y LECHAZOS
El ático vibraba con un bajo profundo y una tenue iluminación roja. Veinticinco hombres, todos de entre 22 y 35 años, se habían despojado de todo, quedando solo en sudor y hambre, en cuanto el anfitrión echó la llave a la puerta. Sin nombres, sin charlas triviales; solo cuerpos, pollas y la promesa de una descarga total.
En el centro del enorme salón, un círculo de otomanas de cuero negro formaba el escenario principal. En un extremo, un tipo negro, alto y tatuado llam