LO PROHIBIDO SABE MEJOR 3
Nos quedamos petrificados, conteniendo el aliento.
Gerald levantó la cabeza, con los ojos muy abiertos por la alarma. —Es tu padre.
—Mierda. —Mi corazón se puso a mil por hora—. No debía volver hasta el lunes.
Otro bocinazo, más fuerte y persistente.
Gerald se quitó de encima de mí con un movimiento fluido, subiéndose los calzoncillos y los vaqueros. —Vístete. Vete al sofá. Ya.
Me moví a toda prisa. Me limpié lo peor del desastre del pecho y el abdomen con la punta de