NATALY
El papel rasgado voló por el vestíbulo como una lluvia de traición.
Me di la vuelta sin esperar la respuesta de ninguno de los dos, subiendo la escalinata de mármol a tirones. Los tacones resonaban con fuerza contra la piedra. Sentía la mirada de Gabriel clavada en mi espalda, caliente, furiosa, cargada de esa posesividad enferma que ahora me daba náuseas.
—¡Nataly, vuelve aquí! —retumbó la voz de Gabriel desde abajo, un rugido seco que hizo vibrar las lámparas de cristal.
—¡Vete al diab