GABRIEL
Llegué al palacio pasadas las tres de la tarde, aflojándome la corbata con una sonrisa de pura autosuficiencia. La reunión con los bancos había sido un éxito rotundo. Tenía a los Castiglione acorralados y a los astilleros trabajando a marcha forzada.
Pero en cuanto crucé el umbral de la suite, la vi.
Nataly estaba sentada al borde de la cama gigantesca, vistiendo una bata de seda negra. Tenía las piernas cruzadas y los brazos rodeándole el vientre en un gesto inconsciente de protección.