**GABRIEL**
No hubo espacio para la delicadeza aristocrática ni para las deudas de Reims. La intimidad de la alcoba se convirtió en una hoguera viva donde el desprecio se consumió en pura lujuria. Me despojé del saco y de la camisa de un tirón, permitiendo que su piel fresca colisionara contra el calor bruto de mi torso. Cada caricia mía era una marca de posesión; cada movimiento de ella, una respuesta rebelde que me exigía más.
Sus uñas trazaron mi espalda con furia, dejándome surcos de fuego