Cassandra.
Podía sentir la intensidad de sus ojos sobre mi cuerpo... No necesitaba darme la vuelta para saber quién era y entonces... habló, confirmando mis sospechas:
—Abre bien las piernas, *Dolcezza*.
—Marco —susurré mientras me levantaba de un salto. La habitación estaba a oscuras, excepto por la luz que se filtraba por las cortinas.
Encendí la luz y...
—¡Puta madre! —maldije—. ¿Qué demonios haces en mi habitación? —le grité a un Nathan sentado, que me observaba fijamente.
No respondió.
Sim