CASSANDRA
Un gemido de frustración escapó de mis labios en cuanto cerró la puerta.
¡Ese malnacido!
—¡No voy a pasarme el resto de mi vida en este maldito lugar! —le grité al despacho vacío—. ¡Este puto sitio me está jodiendo la cabeza, y prefiero matarme antes que quedarme aquí!
Cada palabra iba cargada de veneno. Quería chillar, gritar, llorar, incluso estallar. Sentía todo el cuerpo tan tenso que parecía que iba a explotar en cualquier momento.
¿Se creía el dueño de mi vida? ¡¿Quién carajo se