CASSANDRA
Estaba en el gimnasio otra vez.
Un lugar en el que había jurado no entrar después de aquel día.
Me quedé frente a la puerta, contemplando si dar media vuelta o entrar, cuando esta se abrió.
Tragué saliva, entrando, y la puerta se cerró sola. Tropecé por la impresión, a punto de caer, cuando unas manos fuertes me sujetaron por detrás.
Marco.
Mi respiración se entrecortó cuando nuestros ojos se encontraron.
—Vine a…
—¿Cómo has estado? —interrumpió, su tono provocando escalofríos por mi