Lo miré un momento, confundida y algo nerviosa. Él me miraba con una expresión que rebasaba la simple impresión; era absoluta incredulidad.
—Yo... —balbuceé, incómoda por la situación—. Yo no...
—¡Oh, Demián! —exclamó de pronto la suave voz de Gisel—. Veo que has conocido a la señora Isfel.
Él hombre volteó a verla mientras ella se acercaba a nosotros. Yo aproveché esa distracción para alejarme un par de pasos de él. Tenía el aspecto de un matón, alguien que podría aplastarme como un insecto