“... Al ver su cara, mi boca se abrió ligeramente.
Realmente era hermosa, su delgado rostro era pálido y sus labios sumamente rojos, pero su cabello era brillantemente dorado y largo, que equilibraba muy bien su apariencia.
—Oh, vaya —sonrió de repente—. Así que los rumores de los vecinos son ciertos.
Madame (el ama de llaves de la casa) abrió la boca para hablar, pero con un gesto de mano la guapa mujer la hizo callar. Sin despegar sus ojos de los míos, se levantó del sillón dónde estaba