Al final, Sebastián no había respondido mi pregunta: ¿Por qué me salvaste?
Y mucho menos: ¿Por qué hiciste todo eso?
Al final, solo se había divertido conmigo, y a la mañana siguiente, se comportó como siempre. Cómo sí él y sus actos no fuesen un misterio para mí, cómo si no tuviésemos una conversación pendiente, cómo si no importara todo lo que había descubierto acerca de él.
Al final, sí se había aprovechado de mi incapacidad para pensar y solo me había usado para saciar su apetito sexual.