Álamo, 29 de junio de 2018.
Flores de colores ligeramente marchitas, acomodadas en arreglos circulares, y las formas ondulantes del humo que bailaban al subir al techo de la catedral, dejando a su paso el penetrante olor a incienso que le picaba en la nariz. Eso era lo que rodeaba a Rosalin y la mantenía en esa especie de trance que ya llevaba algunas horas.
Sentada en una banca de la primera fila, pasaba las cuentas del rosario entre los dedos por pura inercia. Desde que la gente se marchó, de