La chica era incapaz de hablar. Un nudo le apretaba la garganta y apenas conseguía respirar. Pero no dejó de sonreír en ningún momento, y sus ojos cristalinos revelaban su batalla interior. Así que Rubén le dio un ligero empujoncito a su hija para motivarla a acercarse a su madre.
—Son tus favoritas… las rosas rojas —dijo Violeta, su tono suave y vacilante—. En el jardín de la casa hay muchas, pero tú no dejas que las corten, te gusta verlas vivas…
—Violeta… mi hija… —balbuceó Rosanna con la vo