Una llamada entrante lo sacó de sus pensamientos. Era Rolando, el guardaespaldas de Rosanna.
—¿Alguna novedad?
—No la encontramos, señor.
—¿Qué quieres decir con que no la encuentran? —Rubén se incorporó de golpe al escuchar la noticia.
—Estamos en el centro comercial, la señora Rosanna pasó un largo rato en la joyería, compró muchas cosas y luego se dirigió al baño. Yo mismo la esperaba en el pasillo porque llevaba millones encima, pero no volvió a salir. Cuando entré a revisar, ya no estaba.