Alejandro le revolvió el cabello con ternura:
—¿Te molestó?
—Para nada —recuperó el gesto alegre—. Tu ex acaba de llamarme falsa.
—Se equivoca —él le sonrió, cómplice—. ¿Necesitas fingir conmigo? Si a cada rato anuncias que vas a dejarme…
—Exacto —respondió, satisfecha. Le dio un empujón suave y caminó hacia el comedor—. Desperté tarde; muero de hambre.
Él la siguió un paso atrás y tomaron asiento. Luciana se concentró en el plato, silenciosa. Pasó un minuto antes de que Alejandro rompiera el si