Capítulo 969
—¿Qué… qué dijiste?—Alejandro se quedó inmóvil, el corazón golpeando como martillo.

—Que sí—repitió ella, alzando una ceja; la piel aún sonrosada—. ¿Cuántas veces vas a preguntarlo?

Le frunció la nariz divertida:

—¡Viejo verde!

El apelativo hizo que la sangre de Alejandro corriera aún más rápido. La abrazó con tanta fuerza que Luciana se quejó:

—No puedo respirar.

—Perdón—aflojó un poco, alarmado—. ¿Así está bien?

—Perfecto—respondió ella con un mohín satisfecho.

Él rozó sus labios con la yema d
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