El anciano había recuperado la conciencia, y sus ojos, llenos de lágrimas, expresaban lo que sus labios no podían articular. Luciana lo comprendía todo.
—Abuelo, Alex está bien. Sé que se lastimó, pero lo he estado cuidando todo este tiempo. ¿No confía en mí? —le dijo con suavidad.
Miguel parpadeó, relajando la tensión en su rostro. Alejandro, al ver esto, se acercó rápidamente y tomó la mano de su abuelo, inclinándose sobre él.
—Abuelo, aquí estoy. Mírame, estoy bien —le aseguró Alejandro con v