Salvador dio un par de golpes simbólicos en la puerta de la habitación antes de entrar.
—Alex, entro —avisó, y sin esperar respuesta, arrastró a Luciana hasta donde se hallaba Alejandro.
—Te traje tu “invitada” —anunció, sin ceremonias, mientras liberaba a Luciana con un empujón leve pero firme.
—¡Ah! —exclamó ella, al perder el equilibrio. Tropezó y cayó sobre la cama, aferrándose por reflejo al único punto de apoyo: Alejandro. Él la recibió con el brazo sano, rodeándola con rapidez.
—¿Estás bi