Tenía vendajes y gasas desde la mano izquierda hasta la barbilla, su cabello había sido cortado de forma irregular para atender las lesiones, y entre el llanto y las quemaduras lucía un aspecto desolador.
Alejandro la sostenía entre sus brazos, limpiándole las lágrimas con cuidado:
—No llores, Mónica… Si las lágrimas humedecen las heridas, es peor.
—Alex… —murmuró ella, cerrando los ojos y dejándose caer contra su pecho, tiritando—. ¿Qué voy a hacer ahora…? ¿Cómo voy a vivir?
—Tranquila —le resp