Tras envolverla con su abrigo para darle algo de calor, Simón se dirigió hacia aquel extractor que había visto.
«Debo darme prisa». Por más que la abrigara, Luciana no resistiría mucho tiempo en un espacio tan gélido.
A la tenue luz del celular, descubrió los cables del extractor; tiró de ellos hasta romperlos y esperar que el ventilador se detuviera. Después sacó de su bolsillo una navaja multiusos, de tipo militar, y comenzó a desmontar la pieza. Le tomó casi media hora desenroscar los tornill