«La última vez».
Cuando Alejandro pronunció esas palabras, su tono y expresión permanecieron inmutables, acompañados de una sonrisa ligera.
—Tienes razón, ya tomé mi decisión. Esta es la última vez. Después de hoy, cuando volvamos a Muonio… no volveré a buscarte ni a molestarte.
Luciana frunció ligeramente el ceño, sin responder.
—¿Qué pasa? ¿No confías en mí? —Alejandro soltó una leve risa, cargada de ironía—. Después de todo, fuimos esposos. ¿No conoces mi carácter?
Luciana sí lo conocía. Sabí