Mientras hablaba, miró a Ricardo de reojo, como considerando algo. En voz baja, le preguntó a su hermana:
—¿Deberíamos invitarlo también?
Luciana sonrió con suavidad.
—Pedro, ya eres grande. Haz lo que tú creas que es correcto.
—Oh —respondió el niño, asintiendo con seriedad antes de volverse hacia Ricardo y, con voz solemne, invitarlo—: Tío, ¿vienes con nosotros a volarlo?
—¡Claro que sí! —Ricardo parecía a punto de estallar de emoción. Apretó los puños, conteniendo sus sentimientos, y agregó—: