Desde que supo de su embarazo, Luciana se había sumido en un torbellino de pensamientos, sin energía para hacer nada. Incluso para buscar trabajos de medio tiempo, solo revisaba opciones en línea de manera mecánica. Pasaba demasiado tiempo sola, lo que la llevaba a pensar demasiado, así que decidió quedarse la mayor parte del tiempo en casa de Martina.
Cuando Martina llegó a casa, Luciana la recibió con un tono de broma:
—¡Por fin llegaste! Si tardabas más, tu querida amiga iba a morir de hambre