—Es justo ese tipo de idea. —Martina lo miró con flojera suave—. Suelta esa culpa. No cargues con el “te fallé”. Yo no te voy a reprochar nada.
Sonrió, bajito:
—Conmigo y con la familia Hernández has sido más que bueno. No te quedes con remordimientos. Yo lo que quiero es… que de verdad seas feliz.
Su calma sin gritos ni drama lo puso a temblar.
—Martina, créeme, yo jamás pensé…
—Piensa ahora. —Ella le atajó la frase—. Ahora sí puedes pensarlo. Te doy permiso. Quiero que lo pienses bien.
—Martin