Luciana se acercó en puntas y le tocó el hombro.
—Fer.
—¿Mm? —Fernando frunció el ceño, abrió los ojos y, al verla, buscó las gafas para ponérselas—. ¿Volviste? ¿Ya quedó todo por allá con don Miguel?
—Por ahora no hay nada urgente —Luciana señaló el escritorio—. ¿Por qué no te fuiste a la habitación? Dormirte aquí te va a hacer mal.
—Me puse a trabajar y se me fue —sonrió, empezando a ordenar los papeles.
—Fer —Luciana apretó los labios, midiendo las palabras—, tu mamá dice que no has dormido b