Luciana frunció el ceño y agitó la mano: quería decir algo, pero el ardor era real; se había quemado.
Alejandro, frente a ella, lo vio clarísimo. Apoyó las manos en la mesa, a punto de incorporarse.
—¿Alejandro? —Juana lo notó al vuelo.
Él volvió en sí. Ahora no le correspondía preocuparse por Luciana.
***
Alejandro y Juana se fueron primero. Luciana se quedó un rato con Martina, esperando a que Salvador viniera por ella.
Él llegó cinco minutos más tarde de lo acordado. Al entrar, no dejó de dis