—Lucía—llamó Mateo.
Lucía levantó la mirada:
—¿Sí?
—La mujer de aquella noche eras tú.
Lucía se tensó por un momento, incapaz siquiera de reaccionar con naturalidad, pero rápidamente soltó una ligera risa:
—Señor Rodríguez, ¡qué chistoso es usted! Yo ni siquiera llegué al lugar hasta el día siguiente. Hasta mandé a Paula a llevarle la ropa. Si hubiera sido yo la mujer de esa noche, usted ya se habría dado cuenta de esto, ¿no cree? Ojalá hubiera sido yo. A lo mejor hasta ya tendríamos un hijo.