Capítulo55
Mateo envolvió a Lucía en un abrazo protector, como si quisiera escudarla de todo daño. La estrechó con fuerza contra su pecho, deseando poder rodearla por completo y mantenerla a salvo de cualquier tipo de amenaza.

Apoyando con delicadeza su mentón sobre la cabeza de ella, respondió con voz cargada de remordimiento:

—Estoy aquí, Lucía. Ya pasó todo, estás a salvo ahora. No dejaré que nada malo te pase.

Lucía, con el rostro hundido en el pecho de Mateo, seguía temblando de manera incontrolable.
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