El solo contacto del hombre repugnó a Lucía. La sensación de su piel contra la suya le produjo un asco inmediato y profundo. Ella se soltó bruscamente y con indignación exclamó:
—¡Señor Ortiz, tenga algo de respeto!
El hombre no se inmutó en lo absoluto, al contrario, su mirada se tornó aún más despreciativa y respondió con una voz burlona:
—¿Qué respeto mereces tú? —replicó él con desprecio—. Tan solo eres la amante de Mateo. Ni siquiera sé cuántas veces te ha tenido en su cama. Nosotros, te es