Lucía miró hacia atrás y le dijo con firmeza:
—Estoy empacando mis cosas.
Mateo frunció el ceño.
—¿A dónde vas?
—A casa—le respondió Lucía.
—¿Acaso este no es tu hogar? —El tono de Mateo se volvió aún más cortante.
El corazón de Lucía se estremeció un poco. Levantó la mirada hacia él y replicó:
—¿Crees que este hogar me pertenece? Solo le estoy liberando espacio para ustedes.
De repente, Mateo la tomó de la mano, deteniendo su acción de empacar, y con una voz hiriente le dijo:
—¿Hasta cuándo vas