—Ve al hotel a recibir a la gente de Grupo Horizonte —dijo Mateo sin levantar la mirada—. Luego prepara el lugar para el almuerzo de hoy y asegúrate de que todo esté organizado en el club para esta noche.
—Como mande usted, señor.
Lucía no podía rechazar las órdenes de Mateo.
Después de anotar la dirección del hotel, se dirigió al estacionamiento subterráneo para tomar el auto.
Justo cuando abría la puerta, una mano súbitamente agarró su muñeca, sobresaltándola.
Al instante siguiente, escuchó la