Esperaba que Mateo se calmara.
Si la llevaba ante Camila para que se disculpara, no sabía qué castigo podría enfrentar. Si algo afectaba al bebé en su vientre, sería un dolor para toda la vida.
Mateo tuvo que sujetarla por los hombros, aplicando un poco de presión para tranquilizarla:
—Lo sé, y no te llevaré con Camila. Si no me crees, pues llama ahora mismo a Mariana y pídele que venga a recogerte, ¿ok?
En el estado en que se encontraba Lucía, Mateo no se sentía cómodo dejándola ir sola.
Lucía