El rostro de Carolina se transformó como el hierro fundido.
¿Mateo no recibía a nadie? ¡Era evidente que simplemente no quería recibirla a ella!
A Carolina no le importaban este tipo de formalidades e insistió en entrar.
Pero apenas dio un par de pasos, varios guardias de seguridad aparecieron justo frente a ella. El guardia principal le habló con profesionalidad: —Señora, no nos ponga en una situación difícil. Si desea ver al señor Rodríguez, puede buscarlo en casa o simplemente llamarlo.
—Pié